Thursday, November 02, 2006

Herculine Barbin. Hermafroditismo y condena http://anonima.blogspirit.com/archive/2006/02/09/herculine-barbine-hermafroditismo-y-condena.html

Herculine Barbin vivió como niña en un colegio monasterio donde más tarde ejerció de profesora hasta que su ambigüedad sexual, intolerable para el entorno social en que vivía, la llevó al suicidio en 1868 en París a la edad de 30 años.



Hasta los 27 años Herculine Barbin había vivido y tenido toda la socialización de una chica: estudió en colegios de monjas y se preparó para ser maestrina.

En 1856, con 17 años, entró en la École normale d'Oléron para formarse como institutriz.

A los 24 años unos dolores abdominales la llevan a un médico que descubre una mala formación de sus genitales. Varios exámenes médicos deciden que ella había sido bautizada con el sexo equivocado.



En un proceso relativamente corto, sólo algunos meses, Alexina desaparece de los registros legales y aparece en su lugar Herculine. La ley definió que ella debería comportarse, trabajar y mantener relaciones sexuales apropiadas a su sexo. Tal vez no sea necesario decir el final de esta historia:

Herculine no soportó ser arrancada de su medio social (trabajaba en una escuela sólo de chicas). A los 30 años se suicidó, o mejor, la suicidaron. Aun delante de las evidencias que esta chica no podría vivir los roles masculinos, la medicina y al justicia se unen para decidir su vida (o será su muerte?).

Abel Barbin, nacido Herculine, tenía cuerpo de hombre, pero un micropene de apenas 5 centímetros, sin perforar, sólo un testículo (el derecho), ya que el izquierdo no había descendido, y no contaba con ningún rastro de haber sido fértil (haber producido espermatozoides) jamás. Con el paso de los años, se llegó a la conclusión de que Herculine Barbin había nacido niño, pero con un déficit de la enzima 5 alfa reductasa, que ayuda a convertir la testosterona en la dihidrotestosterona, la hormona que es responsable de "masculinizar" los genitales. Por eso se había confundido con una niña al nacer.

Herculine siente el fin acercarse y relata en su diario:

“Cuando llegue ese día, algunos médicos, harán un poco de ruido alrededor de mis despojos: destrozarán todos los resortes extinguidos, traerán nuevas luces, analizarán todos los misterioso sufrimientos agolpados en un solo ser. ¡Oh, príncipes de la ciencia, químicos preclaros, cuyos nombres resuenan en el mundo, analizad pues, si es posible, todos los dolores que me han abrasado, que han devorado este corazón hasta sus últimas fibras; todas esas lágrimas ardientes que lo han ahogado, que lo han sofocado bajo opresiones salvajes!”

(116:1985)



Si sus conformaciones genitales eran ambiguas sugiriendo una situación de intersexo, ¿por qué no hicieron la opción de mantenerle el sexo femenino, ya que no había conflicto con los roles de género para los cuales fue preparada? Porque Herculine estaba enamorada de una chica. Lo que podría parecer una buena solución representó el fin para Herculine.

El famoso anatomista, Tardieu, afirma:

“...no pudo suportar la existencia miserable que su nuevo sexo incompleto le imponía.
Ciertamente, en este caso, las apariencias del sexo femenino habían llegado muy lejos,
pero, no obstante, la ciencia y la justicia se vieron obligados a reconocer el error
devolviendo a este joven a su sexo verdadero.” (141:1985)



El caso de Herculine data de 1860, sus memorias ver: http://www.amazon.com/gp/product/0394738624/002-8357803-8092835?v=glance&n=283155 han sido recuperadas a finales de los 70 por Michael Foucault.


Fuente de esta nota: http://anonima.blogspirit.com/archive/2006/02/09/herculine-barbine-hermafroditismo-y-condena.html

Del sexo y su sombra

Del sexo y su sombra
(del "misterioso hemafrotida" de Michel Foucault)
Raquel Capurro
seguido de Un caso escandaloso (nouvelle) de Oskar Panizza

Este libro se interna en una lectura de la presentación que hace Michel Foucault del caso de Herculine Barbin cuyo testimonio cobra actualidad en el conjunto de voces que, desde distintas experiencias, cuestionan hoy la bio-normativa heterosexual. Decir que se trata de las "Memorias de un hermafrodita francés del siglo XIX" adelanta la problemática. Herculine Barbin relató su corta vida en función de los avatares que le deparó la malformación anatómica de su "aparato reproductor". Su vida interroga una época en la que la obsesión por “el verdadero sexo” exigía la clara definición de las identidades sexuales varón o mujer- al precio de la segregación de las diversidades que muestran los matices de placeres y deseos a los que acceden los humanos.

Michel Foucault hizo repercutir sobre el testimonio de Herculine el eco bufón de la nouvelle (que aquí presentamos) de Oskar Panizza, ese “escritor maldito”, como decía André Breton, que conoció la cárcel y la censura por su osadía blasfema, "ese psiquiatra que caminaba hacia su propia locura" (Foucault). Pero además, dejando con ello de lado su habitual modo de “borrarse” ante el material recogido al presentar los casos, Foucault se arriesga a hacerlo de tal modo que se construye entre el caso y su presentador a través de Panizza un entramado que reclama ahora una posición activa del lector para desentrañarlo. En efecto, por esa vía se verá llevado a interrogar los supuestos naturales de sus certezas perceptivas y a admitir que, cuando éstas se desmoronan, se ve tentado a poner el problema del lado de la "realidad", desconociendo activamente que dicha "realidad" está tramada con los efectos y condicionamientos de su cultura. Podrá situar así, al mismo tiempo, lo que Jacques Lacan llamó "la opacidad sexual".

http://www.psiconet.com/libros/presentaciones/capurro.htm

Tuesday, October 31, 2006

El eje del mal es heterosexual. Figuraciones

Acceso directo a: http://webs.uvigo.es/pmayobre/pdf/el_eje_del_mal.pdf

Primera edición, 2005

Título:

El eje del mal es heterosexual. Figuraciones,

movimientos y prácticas feministas queer

Introducción, edición y traducción:

Carmen Romero Bachiller, Silvia García Dauder y

Carlos Bargueiras Martínez (GtQ)

Maquetación y diseño de cubierta:

Traficantes de Sueños.

Edición:

Traficantes de Sueños

C/ Embajadores 35, local 6.

28004 Madrid. Tlf: 915320928

http://traficantes.net

e-mail: editorial@traficantes.net

Impresión:

Queimada Gráficas.

C\. Salitre, 15 28012, Madrid

tlf: 915305211

ISBN:84-96453-04-9

Depósito legal:M-40185-2005

Saturday, October 28, 2006

La de-construcción de la masculinidad

http://www.estudiosmasculinidades.buap.mx/paginas/reportecarlosfonseca.htm
La De-construcción de la Masculinidad

por las Manifestaciones de la Diversidad Sexual en el Occidente Contemporáneo

Carlos Fonseca[1]
L

a masculinidad tiene su base más profunda en la creencia de que los hombres son poseedores privilegiados de un secreto que les concede la supremacía sobre las mujeres. Por lo que éstas son apartadas del contrato arbitrario que acuerda la fracción masculina. Bourdieu (2000) advierte que ser hombre es encontrarse en una posición de poder. Para Kimmel (1997) la definición hegemónica de virilidad es un hombre en el poder, un hombre con poder, y un hombre de poder. Se asocia la masculinidad con ser fuerte, exitoso, capaz, confiable, y ostentando control. Tal definición desarrollada por la cultura perpetúa el poder de los hombres sobre las mujeres y particularmente sobre las minorías sexuales y raciales.

El dominio masculino legitima el uso de la fuerza, la autoridad para controlar la naturaleza y ser el representante del mundo. La visión androcéntrica le atribuye la capacidad de ejecutar el mando hegemónico con la justificación de que la naturaleza ha concedido una diferencia anatómica que determina una distinción cultural. El determinismo biológico es la justificación para creer que el hombre es más fuerte, más inteligente y más capaz. La mera existencia de un órgano viril externo establece la excusa para la división sexual del trabajo, la exclusión de las mujeres de la ciudadanía y el ámbito público. El hombre no sólo debe ser masculino, más aún debe parecerlo. La raíz etimológica de varón es del latín vir: macho, hombre, pero también virtuoso. Sin embargo, los hombres se encuentran en la disyuntiva continua de ser demasiado hombres o no serlo suficientemente. Si abusan de la demasía pueden cometer actos vandálicos, misóginos, homófobos y agresivos, aún en contra de sí mismos como poner en riesgo su vida con el objetivo de mostrar su frágil virilidad. Y si los hombres no manifiestan suficiente fuerza temen no ser considerados bastante hombres. Se sabe de dos niños que vivieron en un mundo salvaje durante los primeros años de sus vidas en el siglo xix, fueron criados por animales y posteriormente encontrados por Malson (1964: 81-82) que escribió sobre ellos. Estos niños mostraban dificultades para distinguir lo masculino de lo femenino. Uno de ellos preguntaba “¿por qué no puedo vestirme con falda si es más vistoso y me gusta más?”. El otro no diferenciaba entre los atributos femeninos de las características masculinas. La educación no contribuyó a adquirir los patrones tan marcados de género que caracterizan a la mayor parte de la sociedad humana. Algunas sociedades como la tahitiana no mantiene una diferenciación de género tan estricta como en la cultura occidental en la cual desde antes del nacimiento la estructura de género está determinada. ¿Por qué desde antes del nacimiento la cultura establece las bases del género? Aunque el cromosoma Y prescribe el sexo genético antes del nacimiento, los avances tecnológicos para saber el sexo del niño a través de ultrasonidos, a la vez que describen el sexo del embrión, decretan el género del infante por lo que tiene entre las piernas, por la ausencia o presencia del miembro viril. Badinter (1993) asegura que los hombres engendran a los machos, tanto en el ámbito biológico como a nivel psicosocial. El espermatozoide que fecunda al óvulo posee el cromosoma que determina el sexo del embrión, si porta el cromosoma X da una hembra y si tiene el cromosoma Y el producto es un varón. La diferenciación del feto macho comienza hacia el día cuarenta después de la fecundación.

Genéticamente los hombres y las mujeres son iguales en un 99.7%. El macho XY tiene los mismos genes que el embrión femenino XX más algo. Hacia las primeras semanas las dos células fecundadas XX y XY son idénticas, el sistema embrionario se orienta hacia la producción de hembras. El sexo genético no los distingue por sí mismo, para ello es necesaria la actuación de la testosterona para determinar el sexo gonádico. La gónada masculina es el testículo, en tanto la gónada femenina es el ovario. Si el gen SRY inyecta la testosterona, la célula fecundada producirá un macho, sin embargo, si la información genética falla y el gen no suministra la cantidad de testosterona necesario, el huevo no producirá la gónada masculina o testículos, por lo cual se mantendrá con su sexo gonádico femenino aunque hereditariamente tenga un sexo genético masculino. Algunos de estos casos derivan a pseudo hermafroditismo y el síndrome Klinefelter que afecta a un hombre de cada 500[2]. Algunas mujeres poseen el sexo genético masculino, pero no tienen testículos ni órganos sexuales internos ni externos acordes a su sexo genético. Tienen el sexo gonádico femenino porque tienen la gónada femenina: el ovario; pero tienen el sexo genético masculino. En estos casos generalmente son estériles. En tanto, existen casos de hombres con testículos atrofiados y penes pequeños con problemas de esterilidad. Es, por tanto, que el sexo gonádico es determinante ya que determina el sexo corporal, los órganos internos, externos, los caracteres sexuales secundarios posteriores y el sexo legal. Si sexo gonádico ordena inyectar la cantidad suficiente de testosterona se desarrollará un macho[3]. Por lo que conseguir un macho es una lucha a cada instante, el menor quebranto testicular pone en peligro a la célula fecundada de ser feminizada. La célula masculina XY tiene que enfrentarse activamente a la realización del sistema femenino por lo que el macho se construye contra la feminidad original del embrión.

La fragilidad es una constante en el embrión, el feto y el recién nacido masculino. La mortalidad infantil de los niños es superior a la de las niñas. En el útero mueren más niños que niñas y la seguridad social francesa paga 1714 francos más por un niño que por una niña en el primer año de vida. Pese a que nacen más niños que niñas –de 104.4 a 108.3 por cada 100 niñas–, a los 60 años quedan 92 hombres por cada 100 mujeres –aproximadamente, según país y época–. Los hombres viven una media de ocho años menos (en los países latinos con amplia tradición machista, 10 años menos) por trastornos relacionados a la imprudencia que afectan más a los hombres que a las mujeres. Asimismo, el número de transtornos psiquiátricos entre los hombres es mayor que en las mujeres. El travestismo, la transexualidad, las disfunciones sexuales, el alcoholismo, el tabaquismo y otros padecimientos inciden principalmente entre los hombres. Eisenberg revela que quizá la vulnerabilidad de los machos se deba a la esencial fragilidad física del cromosoma Y –ya que el macho sólo posee un aleolo X no conserva la capacidad de equilibrio presente en la combinación XX–, o tal vez a la exposición de la sustancia masculinizante de la testosterona de la que se encuentran exentas las células XX femeninas (Chevallier, 1988; Ruffié, 1986; Censo francés, 2000; Badinter: 52).

Analizando la figura masculina en la sociedad contemporánea, Badinter (: 160-161), reconoce que el ideal masculino tiene cuatro consignas básicas:

1. No ser afeminado. El verdadero hombre carece de toda feminidad, exigiéndosele que renuncie a una parte de sí mismo cuando se le reprime la capacidad de afecto y su lado humano. La ternura y la sensibilidad están del lado de lo femenino. El hombre ante todo deberá demostrar que no es un bebé, una mujer o un homosexual. En este sentido, la homosexualidad se ha confundido con afeminamiento, con un parecido grotesco hacia la figura de la mujer, enfatizando en las características más nefastas atribuidas a lo femenino.

2. Debe ser una persona importante, un pez gordo. La hombría se mide por el éxito, el poder y la admiración que causa en los demás. El mandato consiste en la superioridad con respecto a los demás. Ser importante justifica el reconocimiento que el hombre trata de buscar siempre con el trabajo y el éxito económico para llegar a ser “un gran hombre”. El trabajo masculino es la producción, mientras que para las mujeres es la reproducción. La apropiación del ámbito público supone un imperativo de éxito ante la mirada de los demás hombres.

3. Ser fuerte como el roble. El hombre tiene la obligación de ser totalmente potente, independiente, poderoso, autónomo e inconmovible con el fin de no mostrar ninguna señal de debilidad femenina. Frases como “los hombres no lloran”, “aguántate como los machos”, demuestran el deber de la resistencia y el aguante aún en contra de sus propias fuerzas, manteniendo una actitud totalmente firme que puede llegar hasta la intransigencia.

4. ¡Todos al diablo! Insistiendo en la consigna de ser el más fuerte de todos, utilizando la violencia si es necesario. El hombre es culturalmente violento ante la necesidad de demostrar su frágil identidad. La prueba continua de la masculinidad dudosa obliga a dar muestras públicas por lo que puede cometer imprudencias, abusar del poder, humillar al débil y someter a quien considera su amenaza. Este hombre, más parecido a la imagen del cowboy de Marlboro o de Rambo o Terminator es un duro entre los duros; preparado más para la muerte que para el matrimonio y el cuidado de sus hijos. Según Badinter, un “mutilado de afecto”. Tal mutilación tiene su origen en los primeros años de vida en los cuales el niño tiene que “cortar” con la parte femenina heredada de su madre para someterse al duro trabajo de ser hombre.

La influencia de los primeros años de la vida es determinante para cualquier ser humano, en el hombre la separación de la madre supone la propia individualidad y la diferenciación de género. “No se puede ser hombre sin renunciar a la madre, sin cortar los lazos de amor de la infancia” decía Roth (citado por Badinter: 80). La virilidad es, en principio, decir no a la propia madre, para poder decir no a las demás mujeres. Esta teoría acusa la presencia de la culpabilidad por la traición a la madre, a la cual ama y teme, la cual es sustituida por agresividad y odio, a ésta y a las demás mujeres.

Chodorow (1978) señala que en el inconsciente se acuña la separación de la madre, intensamente dolorosa. Esta madre, que es amada, necesariamente también es odiada. Según la autora, el miedo y aversión culturalmente universales hacia lo femenino es el resultado de la transferencia de este odio hacia la madre a todas aquellas que llegan a representarla, es decir, las mujeres en general y todo aquello asociado al lado de lo femenino, como los homosexuales. La historia, para el feminismo psicoanalítico, tiene el significado de volar de la madre y repudiarla para convertirse en hombre. De acuerdo con el planteamiento de la escuela feminista psicoanalítica encabezada por Chodorow, el desarrollo de su “masculinidad” exige que el niño suprima la feminidad que lleva dentro mediante el repudio de cualquier vinculación o identificación con la madre. Para hacerse un “hombre” debe aprender a simbolizar su otro primero y más significativo como un objeto absolutamente separado, alienado, con el que no se puede establecer ninguna conexión ni comunicación.

Dado que la “masculinidad” se define mediante la separación, la relación misma que las mujeres perciben como algo esencial para la realización de su identidad de género de forma muy característica será experimentada como una amenaza para la identidad de los hombres. Los varones intentan preservarse de este peligro evitando relaciones íntimas o transformándolas en “relaciones homosociales” en las que el yo establece la invulnerabilidad consiguiendo distancia y control de los otros. Tal es el caso del miedo inconsciente hacia el contacto con hombres homosexuales, a quienes considera peligrosos, cuya homosexualidad resulta contagiosa y un mínimo acercamiento le significaría poner en duda su virilidad.

Para Chodorow compartir la paternidad es la llave que permite superar la dominación masculina. La lucha del patriarcado es una lucha por una civilización sin dominación. Badinter arguye la importancia de reinventar al padre mediante el reconocimiento que los hombres engendran hombres. El hombre no nace hombre, se hace; y lo hacen los mismos hombres, a través de la educación y el sistema cultural. Puesto que, según Badinter, cuando los hombres se dieron cuenta de la gran desventaja de la naturaleza al no poder parir a sus propios hijos, crearon un paliativo cultural de gran envergadura: el sistema patriarcal. Es por eso la enorme necesidad de decir adiós al patriarca y reinventar al padre y la virilidad que conlleva.

La visión constructivista de la masculinidad se opone radicalmente a la perspectiva biologista y esencialista que sugieren que la diferencia entre hombres y mujeres se basa en la distinción física por la presencia del miembro viril, la fuerza y resistencia. Tal idea se confirma con la presencia de huesos más largos, músculos más duros, talla y peso mayores. Sin embargo, el mito de la fortaleza masculina se desploma al constatar los mayores índices de mortalidad de los fetos, niños y adultos masculinos. Estos datos demuestran la fragilidad masculina. De igual forma, los hombres no libran duras batallas físicas como la resistencia al parto y la menstruación que suponen una batalla contra la muerte a sangre fría[4].

En estos planteamientos se concibe al hombre como un ser mutilado de una parte original femenina, un sujeto negado a una parte de sí mismo –la ternura, el afecto–, con una serie de características menos. Pero, también se puede observar que entre hombres y mujeres las diferencias son mínimas, sólo que el hombre tiene algo más. Ya sea un cromosoma, un sexo gonádico, un miembro viril, una concepción de sí mismo diferente, un sistema androcéntrico que lo marca, un contrato entre hombres que lo determina, un secreto que origina el patriarcado, etc. Un hombre es alguien con algo de menos y más de algo. Dado a que la masculinidad es un acto continuo de demostración, de prueba constante. Al parecer es un asunto que preocupa más a los hombres que la feminidad a las mujeres.

Tradicionalmente, un hombre es la combinación de determinadas características humanas, menos aquellas que se le amputan por ir en dirección de lo que se le atribuye a las mujeres. Se le enseña a reprimir la afectividad, la ternura, la cercanía y el interés en el ámbito doméstico. En cambio, se le promueven cualidades o defectos como la competitividad, la ambición, la agresividad, la organización, el mando y la intervención pública. Al modelo de “hombre” habrá que añadirle los modos de opresor o dominante con respecto a los sujetos que no cumplen con la fórmula de varón: mujeres y disidentes sexuales. A la consigna de “ser hombre” se dan usos neutros al interior del grupo de hombres. Muestra de ellos es la homosociabilidad presente en los deportes como el fútbol, la euforia del triunfo, la cooperación en el trabajo, la alianza entre ellos cuando salen de juerga o van a una casa de citas, incluso se dan algunas muestras permisivas de afecto entre padres, hijos y familiares cercanos.

Según Alsina y Borràs (2000) la virilidad representa una prisión para los hombres, una prueba continua. La masculinidad es educada en preceptos que se concretan en frases como “los hombres de verdad hacen… o no hacen…”, el modelo educativo está basado en éxitos, triunfos simbólicos y en pruebas que han de ser superadas. Para Marques (1991), los hombres tienen sus propios héroes a quienes imitar, y traidores e impíos a quienes despreciar. Para ello, la masculinidad tiene que ser afirmada. La conducta del varón con respecto a la sexualidad responde no sólo a la búsqueda del placer, sino también a la conservación de la auto imagen y la imagen masculina que tienen los demás de él. Para un hombre, la identificación social entre heterosexualidad e identidad masculina se ponen en crisis cuando otro varón le propone un encuentro sexual. Para él, no comete simplemente un error, sino una injuria. Cuando existe una imposibilidad de autoafirmación, la impotencia conduce a la agresión y la violencia. La impotencia es la ausencia de poder. El hombre violento es un hombre que no tiene poder; que se afirma a sí mismo –y ante los demás– a través de la agresión.

Para Kimmel (1997) la característica continua de la virilidad es el miedo. Para la mayoría de los hombres ser considerado “poco” hombre es un terror que impulsa a afirmar la propia masculinidad y negar la hombría de los otros. Constituye una inútil forma de probar lo imposible: que se es totalmente hombre. La masculinidad constituye una defensa contra la potencial amenaza de humillación ante los ojos de los demás hombres, una coacción que podría llevar a un sujeto a avergonzarse de sí mismo. Brito (2002) asevera que, la sexualidad es uno de los ámbitos en los que un varón se prueba a sí mismo y a los demás como “hombre”. La mayoría de los machos todavía creen que las conquistas sexuales les dan reputación: a mayor número de relaciones sexuales, mayor cantidad de condecoraciones de hombría. De hecho, no importa la orientación sexual, lo mismo ocurre en heterosexuales como en homosexuales. Brito asegura que muchos varones creen que si no dominan sexualmente, no funcionan como hombres. La obsesión por gobernar en la cama hace de muchos hombres pésimos amantes. Castañeda (2002b) sostiene que la identidad masculina está estrechamente relacionada a la sexualidad. El verdadero hombre se define, ante todo, por su desempeño sexual. El hecho de mostrar mayor preocupación por el rendimiento sexual, que por establecer una buena comunicación con su pareja, conduce a los hombres una pobre habilidad erótica. Según Castañeda la duración promedio de la relación sexual en México y los países latinos es de tan sólo 9 minutos, la mitad de la media mundial, según la encuesta Gallup y datos de la OMS.

Sexualmente, los hombres están más ocupados en poseer, ostentar y dominar, que en satisfacer a su pareja; en demostrarse a sí mismos su potencia sexual. Para Clare (2002) la relación de los hombres con el sexo es a menudo más con ellos mismos que con sus parejas, quienes son únicamente siervos sexuales. Aunque generalmente no son plenamente conscientes, los hombres asocian el sexo con el poder más que con el amor. El valor que los varones atribuyen al pene es el signo esencial de su poderío. De hecho, para la mayoría los hombres no hay sexo sin penetración. La relación hombre-pene se demuestra en el acto sexual, que parece ser un contacto entre el hombre y su propio miembro. La unión sexual entre una mujer y un hombre es esencialmente triangular, cuyo tercer elemento es el órgano masculino. En el coito el hombre ve un pene frente a él, mientras las mujeres ven un hombre detrás de un pene.

De la misma manera, la prohibición de la feminidad hace que muchos varones rechacen que su pareja les acaricie las nalgas o los pezones por considerarlo un atentado a su virilidad, cerrando de golpe el diálogo sexual y la exploración erótica. No obstante, pese a la gran importancia que los hombres otorgan a la penetración, ésta se vuelve contra ellos. En primer lugar porque el coitocentrismo no deja espacio a la exploración de otras partes del cuerpo ni a las fantasías. Y posteriormente, porque la potencia sexual, al ser un objeto de enorme preocupación, se convierte en uno de los factores que contribuye a los principales trastornos sexuales masculinos, tales como la impotencia, la eyaculación precoz y la disfunción eréctil. Otras consecuencias nefastas del machismo a la estructura psicológica son la insatisfacción sexual, la falta de comunicación, la desdicha entre las parejas y, además, la práctica de actividades sexuales no protegidas que atentan contra la salud.

Bourdieu asegura que el órgano sexual es el principio y final de todas las diferencias. En consecuencia, el orden masculino prescinde de cualquier justificación de su supremacía, no requiere legitimarla. La categoría masculina se apropia de la ciudadanía en todas sus facetas: desde la capacidad de hablar hasta el uso del derecho. El instrumento político de los hombres ejecuta el uso de la palabra desde una concepción neutra del género, como si fuera el representante de la humanidad, en una muestra de expropiación del lenguaje y la comunicación humana. La división de los sexos se fundamenta en el mito de la diferencia anatómica y se instaura en el orden jurídico de la sociedad. A raíz de ello, inserta un sistema de oposiciones análogas de manera objetiva y subjetiva que separan el orden de las entidades y las actividades. Algunas de las dicotomías empleadas son alto/bajo, arriba/abajo, delante/detrás, derecha/izquierda, recto/torcido, seco/húmedo, claro/oscuro, fuera (público)/dentro (privado), salir/entrar. Éstos contrastes suministran una fuente inagotable de metáforas con múltiples afinidades y correspondencias. De esta manera, la división de los sexos tiene una equivalencia subjetiva en la división de las cosas y el trabajo (Bourdieu, 2000).



Adolescencia

UMBRAL

Edad adulta


MASCULINO

alto

derecho

arriba

cuchillo

fusil

edad madura

cultura

vagina


Matrimonio

UMBRAL

Vejez





pene

naturaleza

infancia

agricultura

tierra

abajo

izquierda

bajo

FEMENINO






El cuerpo mismo tiene una categorización dentro del orden dividido de las cosas y las actividades. Tiene una parte delantera, que representa un lugar de diferencia sexual, en ella se reconoce la distinción anatómica entre varones y mujeres, bajo la ausencia o presencia de un órgano. Dar la cara, estar de frente o enfrentar alguna amenaza está correspondido a los varones; mientras que la parte trasera es potencialmente femenina. El lenguaje coloquial ofrece expresiones como “dar la espalda” o “dar las nalgas” para mostrar la pasividad, la subordinación, el desprecio y el sometimiento.

El rechazo a la sexualidad homosexual masculina seguramente está fundado en el horror de imaginar el coito por la parte posterior del cuerpo, en la retaguardia. Aunque Freud asegura que una de las primeras fuentes de placer en el recién nacido está en el esfínter y el proceso de desarrollo psicosexual pasa por las etapas oral, anal y genital, el tabú del sexo anal se materializa como una forma de dominación. Antiguamente, los prisioneros de guerra eran sodomizados para demostrarles quién había vencido. Incluso desde la época de Aristóteles se conoce que los mamíferos superiores realizan el sexo anal como un simple y natural intercambio sexual; o como una manifestación de poder; en la cual, el perdedor de una contienda se arrodilla para ser penetrado simbólica o realmente por el vencedor.

De tal forma que la función anal representa una contradicción intrínseca. A la vez que el ano es órgano secretorio de sustancias, es, además, una fuente de placer sexual neonatal que posteriormente la cultura prohíbe, considerándolo un punto de resistencia y dignidad. El papel del recto es vital puesto que ejecuta actividades digestivas imprescindibles; un alivio de funciones digestivas. La proctología es el estudio de los padecimientos del recto y del ano. Bonfil (1999) sostiene que la medicina define al recto como la vía de excreción de las heces y al ano como el punto de salida de un trámite fisiológico inevitable. Sin embargo, no dice ni una palabra sobre el placer, ni ofrece ninguna explicación sobre por qué toda la gente, niños y adultos, hombres y mujeres, de todas las culturas, experimentan placer cuando se tocan o cuando se les estimula ese territorio anal.

Según Bonfil, el prejuicio es totalmente enérgico al determinar que un hombre nunca debe inspeccionar o ver su región anal, mucho menos encontrar placer en cualquier contacto propio o ajeno con su ano. La alta prevalencia de cáncer de próstata es consecuencia de la negación de los hombres de ser revisados por un proctólogo. Morin (1998) asegura que la próstata es un punto de placer cuando es estimulado. Los hombres y las mujeres aumentan la sensibilidad de la región anal con la excitación sexual por una sencilla explicación biológica: en el músculo anal o esfínter externo y en el perineo (entre el ano y los testículos, o la vagina) se concentran una gran cantidad de terminaciones nerviosas que son específicamente sensibles a la estimulación manual u oral. Morin asegura que el masaje prostático es un placer exclusivamente masculino, en el caso de los homosexuales se realiza por la introducción del pene en el músculo anal friccionando la región prostática. Los prejuicios en torno a la sexualidad anal no sólo prohíben tales prácticas, sino generan las condiciones para la propagación de infecciones de transmisión sexual. De tal forma que la negación del placer anal genera un peligroso desconocimiento sobre su vulnerabilidad frente a los condilomas, el herpes, la gonorrea, la clamidia, la sífilis y el Vih/Sida.

Algunos hombres consideran que pueden realizar prácticas con otros hombres sin ser cuestionada su virilidad mientras no desempeñen la función pasiva. Castañeda (2002b) se ha percatado que el rechazo a la conducta homosexual es consecuencia de un terror a la confusión del género y una serie de descripciones muy rígidas sobre cómo debe ser un hombre y una mujer. Para la autora, el machismo se explica en una polarización extrema entre lo masculino y lo femenino. Etimológicamente la palabra macho tiene varias acepciones. La primera, del latín masculus, músculo; haciendo referencia tal vez a la superioridad muscular del hombre sobre la mujer; el segundo sentido, del latín mulus, mula; a través del portugués antiguo muacho; eufemismo en el que se reconocen las cualidades zoológicas de los hombres como unas mulas. Sin embargo, la palabra macho antes de su significado sexista, evocaba la nobleza masculina. Vicente T. Mendoza en su ensayo El machismo en México, establece una distinción entre dos clases de machismo. El primero y auténtico se define por el valor, la generosidad y el estoicismo masculinos; mientras que el segundo, esencialmente ilusorio, se cimienta en las apariencias: parecer hombre, no serlo realmente. En este caso la cobardía se esconde detrás de los alardes. Mendoza revela el dualismo significativo de la palabra machismo, que a través de la historia pierde una de sus acepciones.

Gutmann (2002) sostiene que, para la mayoría de los ancianos y algunos hombres de comunidades poco escolarizadas, la palabra conserva su sentido positivo, refiriendo a la responsabilidad masculina; persistiendo los aspectos que distinguen los verdaderos machos de antaño y los machos payasos del presente. Según Gutmann (2003), el uso peyorativo de la palabra se mostró en 1993, cuando Bush padre bombardeaba Irak y acusó a Saddam Hussein de ser macho. Nunca se había escuchado a ningún jefe de estado acusar a otro de ser macho. Eso da idea de lo extendido del uso del término y la versatilidad de significados.

El machismo, como extensión de la masculinidad, afirma que un varón para ser un verdadero hombre debe ser todo lo contrario a una mujer, lo cual acaba por crear mitades de personas, personas mutiladas de sus características tiernas o amorosas, puesto que los hombres no pueden permitirse ningún atributo “femenino” y las mujeres no pueden permitirse ninguna conducta “varonil”. Este pensamiento ha generado una sociedad donde los hombres no cocinan y las mujeres no cambian una bombilla. Asimismo ha provocado una homofobia muy arraigada en la cultura.

Para Castañeda (2002b) la separación de la vida en áreas masculina y femenina es totalmente absurda y carece de sentido. El machismo visible es el tradicional, con prohibiciones explícitas como la proscripción de la homosexualidad. Incluye el maltrato físico y la obligación de las mujeres de tener relaciones sexuales contra su voluntad. En cambio, el machismo invisible es más profundo, utiliza mecanismos de coerción psicológica como la descalificación constante: “las mujeres están mal de la cabeza”, “no sirven para hacer estas cosas”, “los homosexuales son una amenaza”. El aparato de poder hace uso de cierto lenguaje o del silencio para castigar a las mujeres retirándoles la palabra y retirarlas del espacio público.

El machismo invisible incluye la coerción psicológica y la división en masculino y femenino de todas las áreas de la vida. Es muestra del sexismo más etéreo, más moderno, aunque no menos dañino. Aunque actualmente ya casi ningún hombre se jacta de pegar a su mujer, sí se vanaglorian de golpear homosexuales. Castañeda manifiesta que a pesar de que han habido algunos logros para las mujeres todavía persiste la distinción entre lo que los hombres pueden hacer y lo que les toca a las mujeres. Por ejemplo, algunos hombres que viven en pareja pueden ir al supermercado, pero no lavan los excusados. Actualmente la situación está cambiando poco a poco, ya que algunas mujeres están accediendo a puestos de trabajo considerados “masculinos”. Sin embargo, el cambio no ha llegado solo. La incorporación de las mujeres al trabajo remunerado ha cuestionado su “derecho” a la maternidad y ha permitido una transformación de la vida cotidiana. Sin embargo, aún no se ha logrado la igualdad. Para alcanzarla es necesario que los hombres compartan las labores “de mujeres”, como cuidar a los hijos o dedicar tiempo a la casa.

En cuanto a los logros de la diversidad sexual se puede decir que, aunque ya no existe la brutal represión contra lesbianas, gays, transexuales y trabajadores/as del sexo, las formas sutiles de discriminación se multiplican. En el caso de lesbianas y gays, Bélgica, Alemania y Canadá han reconocido el derecho al matrimonio, pero aún no a la adopción; salvo en el caso de Holanda, que es el único país en el mundo que reconoce el matrimonio homosexual con derecho a la adopción. En España algunas provincias como Cataluña, Navarra, Madrid, Asturias, Baleares y Euskadi han conseguido el registro de parejas del mismo sexo, sin ninguna validez práctica como el derecho a herencia o pensión de viudez en caso de fallecimiento, dar de alta a la pareja en la seguridad social, realizar conjuntamente la declaración de impuestos, adquirir la nacionalidad española de la pareja extranjera, bonificaciones en transportes, etc. La ley de parejas de hecho más avanzada en España es la de Euskadi-País Vasco, que otorga el derecho de protección a las uniones gays de la tercera edad y el derecho de adopción, aunque, todavía ninguna pareja haya solicitado la adopción de un niño.

Al parecer se ha “logrado” la aparición en los medios de comunicación de personajes homosexuales ridículamente estigmatizados, además, un floreciente comercio rosa dirigido a los potenciales consumidores gays, zonas toleradas de esparcimiento homosexual y la salida del armario de personas de la iglesia, la política, el ejército y la guardia civil (todos hombres). De los cuales casi ninguno representa un ejemplo para su comunidad. Sin embargo, aún no se han conseguido los derechos básicos de la ciudadanía como el derecho al matrimonio, la adopción o el simple hecho de ser considerados humanos.

Con respecto a las personas transexuales, pese a que en Andalucía, España, la seguridad social cubre la operación de cambio de sexo, en las demás comunidades cada persona costea su tratamiento hormonal, psicológico y médico. El registro civil no permite el cambio de nombre masculino a femenino o viceversa, ni el cambio de sexo en la documentación sin la costosa operación de cambio de sexo. Algunas personas sólo logran cambiar su nombre por otro ambiguo como Trinidad o Reyes. El acceso a trabajo no sexual es sumamente difícil para mujeres transexuales (de hombre a mujer) y el derecho a la vivienda es igualmente complejo porque no poseen la documentación acorde a su género.

Desde luego que frente a las condiciones represivas actuales existen mecanismos para escapar de los roles tradicionales del machismo. Por ejemplo, en las parejas homosexuales se rompen muchas reglas implícitas. Según Castañeda, los hombres gay van a la vanguardia de una nueva masculinidad, ya que están más favorables a desarrollar su vida afectiva y expresar sus emociones. Aunque existen algunos gays misóginos, la mayoría son capaces de afianzar amistades profundas con mujeres sin que haya de por medio interés sexual. Las personas de la diversidad sexual tratan de cruzar la frontera entre lo masculino y lo femenino, que toda sociedad sexista impone para acatar las representaciones tradicionales. Para Castañeda, en una pareja gay o lesbiana no está dicho quién lleva el coche al taller y quién lava los cacharros, en su mayoría todo hay que negociarlo. Lo significativo es que estas parejas forman el único tipo de pareja abierto a negociación. Sin embargo, para Bourdieu las cosas no son tan positivas. Advierte que algunas veces, los propios gays y lesbianas reproducen los mecanismos dominantes de los estereotipos ya que fueron educados como heterosexuales. Algunas veces aplican a sí mismos los principios opresivos al reiterar los principios gay activo/pasivo o lesbiana camionera/femenina. Asimismo, al reconocer que la homosexualidad es una construcción social, una creencia, un acto de fe. ¿El movimiento homosexual se contentará con invertir el signo de estigma como un emblema de orgullo al estilo gay pride? Quizá el reconocimiento de la diferencia sexual como un derecho a la igualdad conduzca a la desaparición de los estereotipos. Annik Prieur (1996) asegura que en los países donde existe el matrimonio homosexual las parejas de gays y lesbianas no muestran las evidencias de la dicotomía activo/pasivo, se muestran como relaciones de casi gemelos en las que es imposible hallar los signos que recuerden la división de masculino/femenino. Esto hace suponer que mientras los patrones de género sean más rígidos y socialmente sea prohibida la homosexualidad, serán más visibles los gays muy femeninos y las lesbianas muy masculinas; en tanto la legitimación de la unión homosexual desaparece tal distinción, provocando una indiferencia entre la propia diferencia.

Para Castañeda (2002a), los cambios sociales como la lucha de las mujeres y de la diversidad sexual sugieren que el machismo desaparecerá no porque nos parezca injusto o desagradable, sino por obsoleto. Puesto que es un obstáculo a las relaciones sociales, económicas y laborales del mundo moderno. El machismo es evidentemente incompatible con una sociedad democrática ya que el macho no rinde cuentas, no da explicaciones, no acepta críticas.

La conservación del hombre mediante la negación del deseo homosexual
La supervivencia de los hombres en el campo de la masculinidad se basa, entre otras cosas, en negar el propio deseo hacia personas del mismo sexo. En consecuencia, el homosexual es el sujeto que se niega a sí mismo, quien tiene prohibido describirse a sí mismo. El término “homosexual” tiene que ser atribuido por otras personas. La autonegación es el requisito indispensable para la sobrevivencia (Butler, 1997). Hacer referencia a la propia condición es interpretado como conducta homosexual. No es posible concebir la idea “soy homosexual, pero no ejerzo”. Para Butler, la autodefinición homosexual es interpretada explícitamente como una conducta contagiosa y ofensiva. La frase “soy homosexual” no sólo es descriptiva, sino que también demuestra la conducta homosexual. La enunciación de la propia homosexualidad atribuye precisamente aquello que dice. Es más, la afirmación “soy homosexual” es, pues, increíblemente malinterpretada como “te deseo sexualmente”. La expresión que se realiza en primera persona y de manera introspectiva, se toma por una afirmación que anuncia el acto en sí mismo, la intención de actuar: el vehículo de la seducción. Si la frase “soy homosexual” se tomara como lo que realmente es, se consideraría como la manifestación pública del significado cultural y político del deseo entre personas del mismo sexo. La práctica de la homosexualidad no es la experiencia sexual en sí misma, sino el ejercicio discursivo que le hace tener significado.

Sin embargo, como advierte Freud en Tótem y tabú, la mención de los nombres prohibidos es temida por el miedo a desencadenar las pasiones profundas contenidas por el silencio. La represión de la homosexualidad masculina tiene como objetivo la conformación de la hombría y la estabilidad del sistema de género. Con lo cual la feroz represión a nombrar la homosexualidad es el miedo atroz a liberar la homosexualidad contenida. En consecuencia, un “hombre” es un homosexual que se niega a sí mismo (Butler: 20).

La sublimación de la homosexualidad se produce a través de la represión del deseo homosexual. Esta sublimación del deseo homosexual es de suma importancia porque garantiza la pertenencia social y la ciudadanía –la adhesión a la ley y su incorporación. El temor del sistema se expresa al afirmar que la cohesión social requiere la prohibición de la homosexualidad, puesto que si los hombres hablan de su homosexualidad esto amenaza con destrozar la homosociabilidad que fusiona a la clase masculina. La cohesión se describe como un mágico no sé qué que mantiene unidos a los varones. Por otro lado, el sistema controla al sujeto homosexual a través de la culpabilidad y el miedo. Butler sostiene que la insatisfacción provocada por el incumplimiento de la norma heterosexual se transforma en sentimiento de culpa que genera el terror de perder el amor del prójimo, el castigo de los padres y la censura social. De modo que la prohibición se convierte en el territorio y la satisfacción del deseo. Según Freud la prohibición no pretende la destrucción del deseo; por el contrario, hostiga la reproducción del deseo prohibido y se incrementa mediante las renuncias que realiza. Esto significa que nunca se renuncia al deseo, sino que se reafirma y se preserva en la propia estructura de la renuncia. La prohibición rechaza y consiente el deseo homosexual simultáneamente.

La declaración de la homosexualidad perturba la integridad y los fundamentos del orden social, con lo cual la represión del discurso homosexual garantiza la sociabilidad mientras ésta permanezca en silencio. El hecho de decir que se es homosexual no es en sí mismo un acto homosexual, ni mucho menos un ataque homosexual. Para Butler, la homosexualidad sólo es un comportamiento sexual en un sentido muy restringido, ya que subyacen representaciones en torno a ella que no son propiamente homosexualidad. Nombrar esta palabra ataca las fronteras de lo social; se malinterpreta como una seducción o una agresión, se entiende que es realizado y transmitido –bajo la metáfora del sida–, en un intento de reducir la homosexualidad dentro de un conjunto patológico de figuraciones que la define como una acción agresiva y contagiosa. El oído paranoico cierra la brecha entre la verbalización de un deseo y el deseo que se verbaliza.

El imaginario colectivo limita el estallido de la homosexualidad porque concibe la propia palabra como un fluido peligroso, una sustancia contagiosa, implícitamente comparada a partir de la metáfora del sida, y creerá que se “transmite” como si fuera una enfermedad. La afirmación “soy lesbiana” no es en cierta forma un acto, sino una forma de hablar ritual que tiene el poder de ser lo que se dice, no una mera representación de la sexualidad, sino un acto y, por tanto, una ofensa; cuyo peligro radica en la posibilidad de contagio. Butler reitera: Si digo “soy homosexual” delante de ti, tú te ves envuelto en la “homosexualidad” que yo expreso; se supone que lo dicho establece una relación entre el hablante y la audiencia, y si el hablante proclama su homosexualidad la relación discursiva es constituida en virtud de esa manifestación, y esa misma homosexualidad es transmitida en un sentido transitivo (: 25).

Butler descubre interesantes revelaciones sobre la masculinidad:

] En primer término cuestiona si la prohibición de la homosexualidad es la homosexualidad en sí misma: ¿con cuanta precisión puede interpretarse el sentirse despreciado u ofendido como una variante de la homosexualidad? La homofobia que se manifiesta en el desprecio, la ofensa, es la forma externa imaginada que adopta la prohibición contra la homosexualidad.

] La vulnerabilidad social del homosexual a la ofensa es proyectada en una opinión generalizada de los Otros como seres con un comportamiento represor y despreciador. En la idea de los Otros como seres que regulan, observan y juzgan descansa la fragilidad de los homosexuales.

] La sublimación psíquica de la homosexualidad crea la noción de lo social, un escenario imaginativo que se convierte en la “conciencia”, y que prepara al individuo para la cohesión social sobre el que se sostiene la ciudadanía –la incorporación a la ley y su adhesión.

] El desprecio y las ofensas no son sólo los efectos de un deseo que se ha vuelto sobre sí mismo, y el efecto de los juicios de Otros. Más bien, es la coincidencia del juicio de Otros y ese volverse contra sí mismo lo que conforma el escenario imaginario del deseo condenado que registra psíquicamente las ofensas y el desprecio (: 28-29).

No obstante, Butler concluye que los sentimientos homosexuales son necesarios para el amor a la humanidad en la forma en que éstos se “combinan” eufemísticamente con los instintos de la propia conservación para producir “hombres”. La conservación del “hombre propiamente dicho” depende de desviar y mantener desviada su propia homosexualidad. El ideal del yo (o concepto de sí mismo) se forma mediante la eliminación de grandes cantidades de deseo homosexual. Sin embargo, esta homosexualidad no es sencillamente reprimida o desviada, sino que se vuelve siempre sobre sí misma. El ideal del yo en la homosexualidad y su prohibición se “combinan” en la figura del sujeto heterosexual. En este sentido es interesante subrayar que en la teoría queer la desviación se produce, a diferencia de lo planteado por Goffman, Durkheim o Merton, a través de desviar el natural deseo homosexual para crear “verdaderos hombres”.

Las normas de género funcionan exigiendo la encarnación de algunos ideales de feminidad y masculinidad, que casi siempre van unidos a la idealización de la unión heterosexual. En esta acepción la enunciación preformativa: “¡Es niña!”, anticipa el decreto: “Yo os declaro marido y mujer”. De ahí, la delicia de los cómics en los cuales se replica por primera vez al bebé de la forma siguiente: “¡Es lesbiana!”. Según Butler, lejos de ser una broma esencialista, la apropiación queer de la expresión preformativa imita y expone tanto el poder vinculante de la ley heterosexualizante como su expropiación (: 65-66). Dar nombre a la niña es el comienzo del proceso por el cual se impone la “feminización”. La feminidad no es el producto de una elección, sino la llamada forzosa de una regla cuya compleja historicidad es inherente a las relaciones de disciplina, regulación y castigo. Este acuerdo a las reglas del género es necesario para que tengamos derecho a ser “alguien”. De esta adhesión a las reglas depende la formación del sujeto. Por lo tanto, el género de ninguna manera debe entenderse como una elección o un artificio que podamos intercambiar. Por lo que no es posible concebir el género como un rol o una construcción que uno se viste cada mañana. No existe ese “alguien” que va al guardarropa del género y deliberadamente decide de qué género va a ir ese día.

La libertad, la posibilidad y la capacidad de acción se establecen dentro de un seno fundado en las relaciones de poder. Sin embargo, la performatividad del género sexual no consiste en elegir de qué género seremos hoy. Performatividad es repetir las reglas mediante las cuales nos concretamos. No se trata de una construcción absoluta de una persona sexuada genéricamente, sino es una repetición obligatoria de anteriores normas que configuran al individuo. Estas normas conforman y delimitan a la persona y son también los recursos a partir de los cuales se inicia la subversión y la resistencia. En consecuencia, el género es performativo ya que es el efecto de un régimen que establece las diferencias de género de manera coercitiva. Los tabúes, las amenazas correctivas, las prohibiciones e incluso las reglas sociales, operan a través de la repetición ritualizada de las normas. Butler añade que la heterosexualidad maniobra mediante la estabilidad de las normas de género. Es por eso que la homofobia suele actuar a través de la atribución a los homosexuales de un género fallido y dañado. Designando “masculinas” a las lesbianas, “afeminados” a los hombres gay, y “pervertidos” a los transexuales. El terror homofóbico a los actos homosexuales es, en realidad, un terror a perder el propio género y no volver a ser una “mujer de verdad” o un “hombre de verdad”. De ahí que sea fundamental señalar la forma en que la sexualidad se regula mediante el control y la humillación del género (: 74).

La relación entre sexualidad y género se conforma a través de la relación entre identificación y deseo. No obstante, el discurso heterosexual exige como requisito que deseo e identificación se excluyan mutuamente: quien se identifica con un determinado género debe desear a una persona de un género distinto. Si desear a un hombre no implica necesariamente identificarse como mujer y desear a una mujer no involucra una identificación masculina, el sistema heterosexual no es más que una lógica imaginaria que continuamente reproduce su propia ingobernabilidad. La naturalización de la heterosexualidad, no es más que un espejismo. Fuss (1989) cuestiona: “¿existe acaso alguna identidad ‘natural’?”. La identidad no es más que un constructo político, histórico, psíquico o lingüístico; una muestra de ello es que para los que ejercitan la política de la identidad, la identidad determina necesariamente la acción política.

Eve Kosofsky Sedgwick en Epistemología del armario (1998) afirma que existe un poderoso vínculo entre la homosociabilidad masculina y la prohibición de la homosexualidad: el deseo intermasculino se hace legible mediante su desviación hacia relaciones triangulares que implican a una mujer. Para Sedgwick el pánico homosexual realiza un doble acto de taxonomía: por un lado señala la existencia de una minoría bien diferenciada de personas gays y, por el otro, una minoría de “homosexuales latentes” entre la población general que soportan una inseguridad sobre su propia masculinidad. Alfredo Martínez Expósito (2000) sostiene que forjamos nuestras ideas sobre la sexualidad a través de metáforas cuyos efectos no siempre son predecibles. El mismo término homosexualidad se acuña con referencia a un modelo simplista bipolar y zoológico de la sexualidad masculina. Según Martínez Expósito, la cultura occidental ha simbolizado la sexualidad en representaciones de la pareja heterosexual, que legitima su naturaleza animal por medio del concepto de amor. La metáfora implícita de la expresión hacer el amor prueba el nivel de identificación entre actividad sexual y sentimiento amoroso. Sin embargo, la actividad sexual entre varones no ha gozado de la traducción al ennoblecedor terreno de los sentimientos. Para Martínez Expósito amor homosexual encierra una contradicción, puesto que deposita un significado demasiado zoológico (incluso demasiado depravado) que no concuerda con la elevación espiritual inherente a la idea de amor. Mientras que el amor es uno de los grandes temas de nuestra cultura, el amor homosexual es uno de sus grandes tabúes.

Con respecto a la sexualidad entre mujeres, Monique Witting (1993) señala que para el sistema las lesbianas no son mujeres de “verdad”, lo que deslegitima su propio régimen de afectos y placeres. Para Diana Fuss (1993), la insistencia de designar a las lesbianas como “mujeres caídas” funciona para excluirlas de la categoría misma de la sexualidad y situarlas en el fracaso de la identificación. La etimología de cadere (“caer” en latín) nos hace pensar en cadáveres. Las identidades lésbicas son inherentemente suicidas porque impiden la entrada al mundo de la sociabilidad, la sexualidad y la subjetividad. Fuss sugiere que en el psicoanálisis los homosexuales son representados como sujetos histéricos. Ricardo Llamas (1998) en Teoría torcida sugiere que la realidad “bollera”[5] y “marica” se sitúan en otra dimensión, en otra realidad, en otro mundo. No están definidas con relación a las estructuras del “Orden”. Lesbianas y gays no dialogan con instancias de represión, sino que constituyen espacios de resistencia. Para Llamas el discurso marica/bollero tiene mucho que ver con el activismo radical de la lucha contra el Sida de Act Up y el revolucionario movimiento de Lesbian Avengers (Lesbianas vengadoras).

Rafael Mérida (2002) sostiene que el sujeto que plantea la teoría queer rechaza toda clasificación sexual. Destruye la identidad gay, lésbica, transexual, travestí, e incluso hetero, para englobarlas en un “totalizador” mundo raro, subversivo y trasgresor, que promueve un cambio social y colectivo desde muy diferentes instancias en contra de toda condena:

Ser queer no significa combatir por un derecho a la intimidad, sino por la libertad pública de ser quien eres, cada día, en contra de la opresión: la homofobia, el racismo, la misoginia, la intolerancia de los hipócritas religiosos y de nuestro propio odio (pues nos han enseñado cuidadosamente a odiarnos). Y ahora, también significa luchar contra un virus y contra los antihomosexuales que usan al Sida para barrernos de la faz de la tierra (: 13-14).

Para concluir, el estudio de la masculinidad revalora las cuestiones de género, identidades y sexualidades en un marco de agudeza crítica con la finalidad de desestabilizar no sólo al sistema, sino también a la Academia. La mayor aportación de esta materia radica en ofrecer nuevas explicaciones bajo un marco conceptual en el que confluyen el género y la sexualidad; los significados y sus resistencias para dar origen a nuevas significaciones.

No obstante, matizando sobre el peligro de designar la masculinidad como una construcción cultural, en el fondo no se hace más que negar la existencia natural o intrínseca de ésta. Es decir, el sujeto masculino no existe sustancialmente, sino significados para sus actos. En otras palabras, la condición definitoria de la masculinidad no existe en sí misma, sólo las distintas significaciones de dichos actos enmarcados en un contexto cultural. Sin cultura no hay masculinidad. Algo así plantea el feminismo al eliminar las dicotomías masculino/femenino y proponer el cyborg o la liberación del yo como ente indomable. Al destruir el binarismo se extingue coyunturalmente al hombre como sujeto. El cyborg no es real, es una metáfora más como lo es el hombre o la mujer. Algunas propuestas de los planteamientos resultan convincentes, pero desde luego no resuelven la cuestión, incluso resultan sospechosas, puesto que como decía Foucault el poder no se acaba, únicamente se transforman los medios para ejercerlo. Por tanto, masculinidad y poder están en el mismo barco. Si se de-construye la masculinidad y en su lugar se incorporan nuevos medios de manifestación como los que aporta la diversidad sexual, ¿cómo estaría garantizado el equilibrio de poder entre la masculinidad dominante y las nuevas virilidades? ¿No se trata de de-construir una categoría opresiva para construir otra igualmente asfixiante?

Bibliografía
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[1] Doctor por la Universidad Complutense de Madrid, Profesor- Investigador de Tiempo Completo de la Universidad Nacional Autónoma de Hidalgo.

[2] Ane Fausto-Esterling (1993) asegura que biológicamente existen 5 sexos: intersexuales, hermafroditas verdaderos, pseudo hermafroditas, macho y hembra.

[3] Sin embargo, no habría que considerar que la testosterona es la hormona masculina y el andrógeno la femenina, puesto que en ambos sexos están presentes las dos hormonas, pero en distintas cantidades.

[4] Beauvoir asegura que en la sociedad no se otorga superioridad al sexo que da a luz, sino al que mata, penetra, invade. En cambio la mujer en la menstruación sangra, pero no muere. Sobrevive y, sin embargo, no es valorada su lucha por sobrevivir. Por tanto, el hombre se eleva sobre el animal al arriesgar su vida, no al darla.

[5] El término “bollera” hace referencia a la acción de amasar, “hacer bollos”, “hacer tortillas”, de tocar manualmente: Puesto que en las prácticas lésbicas se presume que no hay penetración, el acto sexual entre mujeres se realiza a través de tocamientos, caricias y manipulación.

Friday, October 27, 2006

Los nuevos territorios de la diversidad

LOS NUEVOS TERRITORIOS DE LA DIVERSIDAD
HAY LUGAR PARA SER
Sandra Soria

Lo Trans, Transgenero, Transexual… Género, Identidad, Sexualidad.
Podría enumerar un sin fin de palabras, referidas a la temática del Colectivo… Queers, Gays, Lesbianas, Travestis, Transexuales, Intersexuales, Bisexuales…
Todas expresiones de la sexualidad que comienzan a tomar fuerza en las manifestaciones de los últimos 20 años, nos convocan a despojarnos de prejuicios morales, que han teñido a lo largo de la historia de opresión a la humanidad toda.
La clínica psicoanalítica se centra en el caso por caso, en la escucha de un sujeto determinado; que una persona quiera modificar sus caracteres sexuales, no configura, necesariamente per se estructura alguna. Normal, no remite a término psicoanalítico alguno, resistir desde un a priori, por no escuchar de uno en uno, resta.
Soportar senos, cuando se es TSFtM (female to male), o un pene cuando se es un TSMtF (male to female), es estar imaginariamente castrado, “imaginariamente” cuenta. Ante esta imagen, ante este decir, ante este dolor, comenzamos a entretejer dispositivos que faciliten la circulación de estas personas por un camino de mayor alivio.
El Transexualismo o algunos prefieren el término Transgénero, no la consideramos una categoría psicopatológica. Se trata de una cuestión “ontológica”.
La persona que atraviesa la barrera de los géneros, binario HM, construida culturalmente, puede desearlo por motivos diferentes a los que otros, otras, inicien un camino similar.
Se puede querer cambiar la anatomía para poder desterrar la sensación de extranjería, y así poder desplegar una vida con igualdad de oportunidades; o tal vez se requiere de la intervención de la ciencia médica para realizar el deseo de ser madre, o asumirse gay, o lesbiana, o… la diversidad es infinita, pues es infinito el ser humano.
Los dispositivos que hemos introducido a lo largo de la experiencia, nos han permitido establecer un vínculo más fluido entre lo social y lo Trans.
Creamos junto con un equipo de profesionales del Hospital Duran un Grupo de Trabajo Interdisciplinario para la Asistencia de personas Transexuales, Travestis e Intersexuales.
¿Qué significa? Un nuevo territorio de circulación, pública, que los/las reconocen, construyendo así un referente real y articulando un nuevo imaginario. Pensarse parte de una instancia como es la consulta en un hospital público, en nuestro país era impensable.
Esta operatoria, que está en constante evolución, introdujo en los pacientes que atendemos un universo de posibilidades. No sólo pensado a instancias de una cirugía, pues muchos no tienen como fin necesariamente una reasignación sexual, sino la alternativa de SER.
La persona Trans vive alienada la mayor parte de su vida en un rol asignado a partir de un género biológico. Desde pequeños construyen espacios solitarios de despliegue de un “sentimiento”, como diría un maravilloso ser de a penas 9 años a quien veo semanalmente, para poder tener instantes de registro de existencia, mientras se debaten en sus cabecitas los mandatos socio-culturales que aplastan sin piedad ese sentir.
Son excelentes a la hora de adaptarse a las consignas impartidas o las funciones y roles que “deben” desarrollar, muchos son padres y maridos, reconocidos desde esos lugares asignados al nacer… Pero muchos, sino todos, padecen el horror de no estar presentes, el horror de no expresar-se, el horror de no SER quien sienten SER.
Al llegar a la consulta con el psicólogo se genera ese primer gran salto.
¿Por qué digo esto? Porque considero a ese momento el principio de un proceso de visibilización ante la mirada de un otro, representante de un todo, que le devuelve al escucharlo, desde nuestra concepción, algo del orden de su silenciosa existencia. Hay lugar para Ser.
El trabajo de acompañar ese devenir nos desliza una y otra vez ante innumerables fronteras, a veces infranqueables. Ya no se trata solamente de una cuestión anatómica, por si hay que ocultar senos, o maquillar la barbilla, o disimular la nuez de Adán, sino de reconstruir un modo de vivir.
Asumir el riesgo de Ser en esta sociedad coloca los acentos en las letras más difíciles de aprender.
Los afectos se derraman en cataratas de historias que muestran y ocultan una verdad que siempre estuvo ahí, negándose, tapándose, ya no hay más margen para eso, inevitablemente todo se transforma en “EL MUNDO o YO”.
Esa lucha, desencadena una guerra interior, a veces feroz, minada de interrogantes e incertidumbres, plagada de sinsabores que más de una vez sume al sujeto a estados de labilidad afectiva profunda.
Atravesar esas geografías implica, entre otras muchas cosas, tomar decisiones transcendentes en lo que hace a el inicio de un proceso hormonal, que comienza a modelar el sentimiento; hablar con las personas que representan los afectos más profundos y consistentes de la historia, soportando la incertidumbre y el temor a quedar desterrados de ese amor; construir los dispositivos adecuados para insertarse en el mundo laboral, profesional, que constituye uno de los mayores obstáculos.
Reconstruir un mundo de relaciones sociales, laborales, afectivas, en el mejor de los casos, después de los 35 años.
El recorrido es extenso, y la instancia quirúrgica un destino entre muchos, que a esta altura del viaje no define necesariamente a la Transexualidad, nos recuerda que la operación de la Ley, la sentencia de un Juez es también un acento fundamental en este proceso conocido como TRANSICION.
Nuestra participación en instancias médico-legales, está ceñida por cuestiones de reglamentaciones y formalidades a la realización de un informe psicodiagnóstico que de cuenta, desde el discurso del DSM IV de un “TRASTORNO DE LA IDENTIDAD SEXUAL “.
Este proceso puntual, está articulado por dos vías de evaluación que incluyen además criterios específicos de inclusión y exclusión, una que realiza el equipo de Salud de la CHA a partir del profesional a cargo del caso y la otra el médico psiquiatra integrante del Grupo de Trabajo del Hospital Durán. Sólo así la persona puede ingresar al programa.
Creemos necesario y fundamental que para el crecimiento de nuestro trabajo de nuestras vidas, y sobre todo para la evolución de nuestro Ser, que el viaje nos lleve poco a poco a que se expandan las fronteras conceptuales, a continuar en la línea del cuestionamiento constante de las teorías , a escuchar de uno en uno, a tener presente que la verdad no está en UNO sino en cada uno.
Inaugurar nuevos territorios, es lo que va a permitir que la DIVERSIDAD TENGA LUGAR PARA SER EN SUS MULTIPLES MANIFESTACIONES.
Bibliografía:
“Transgéneros”. Artículo Imago Agenda. Alberto Sintiere. Año 2005“Avergonzados”. Artículo Imago Agenda. Jean Allouch. Año2005“Grafías de Eros” Historia, Género e identidades sexuales - Edelp
Sandra Soria es Psicóloga del área de salud de la CHA.
Este trabajo fue presentado en el marco del 13 Congreso Internacional de Psiquiatría. Buenos Aires, Argentina 3 al 6 de octubre de 2006

Enlaces a Núcleo temático Versiones ¿SeXualidad?
Para una primera presentación de Versiones: ¿SeXualidad? - Vanesa Guerra >>>
Avergonzados - Jean Allouch >>>Cuando el falo falta... - Jean Allouch >>>
El poder psiquiátrico - Michel Foucault >>>
¿Existe una vida intelectual progresista en Francia - Didier Eribon >>>
Las relaciones de poder penetran en los cuerpos - Michel Foucault / L. Finas >>>
Entrevista a David Halperin - Mariano Serrichio >>>
La palabra inaugura territorios - Transgeneridad - Sandra Silvina Soria >>>
Homosexualidad, una categoría en crisis - David Halperin >>>
Políticas de género en el neobarroco: Alejandra Pizarnik y Marosa di Giorgio >>>
Freud, la homosexualidad masculina y los americanos - Henry Abelove >>>
Bibliografía sobre teoría queer >>>
El deseo como filosofía - Judith Butler/ Regina Michalik >>>
Lacán, el feminismo y la diferencia de sexos - Daniéle Lévy >>>
Metafísica - Género - Aristóteles >>>
Lacan y las minorías sexuales - Jean Allouch >>>


Con-versiones, octubre 2006
http://www.con-versiones.com/nota0490.htm

Organizaci�n Internacional de Intersexuales

Organizaci�n Internacional de Intersexuales

Friday, October 13, 2006

relación iglesia estado

Fuente: http://www.mujeresdelsur.org.uy/

ENTRE REACTIVOS Y DISIDENTES
Desandando las fronteras entre lo religioso y lo secular Juan Marco Vaggione - Argentina

ESTADO LAICO, BASE DEL PLURALISMO
Patricio Dobrée y Line Bareiro Articulación Feminista MARCOSUR

Miedo a la Libertad

Miedo a la libertad
por Claudia Korol


Intervención realizada en el panel realizado sobre el Día Mundial contra la Homofobia en el Instituto Hannah Arendt


Quiero agradecer a Diana (Maffía) la invitación, que entiendo como una oportunidad para intentar pensar sobre la diversidad de fobias que podemos reconocer en el propio mundo de la diversidad, sobre las exclusiones entre los excluidos y excluidas, sobre las jerarquizaciones y estigmatizaciones que reproducimos en nuestro propio campo.

Hablo como feminista, desde la experiencia de educación popular, realizado junto a las compañeras y compañeros del equipo Pañuelos en Rebeldía, con quienes intentamos aportar junto a otros movimientos populares, a la batalla para suprimir todas las opresiones, todas las dominaciones, las distintas formas de explotar y alienar que se ejercen desde una hegemonía cultural burguesa, racista, homofóbica, lesbofóbica, travestofóbica, transfóbica, misógina, xenófoba, violenta.

Quisiera compartir algunas experiencias que surgen en los movimientos con los que venimos luchando contra las consecuencias de la exclusión social, contra la falta de trabajo, de educación, de salud; contra la alienación y el desamparo provocados por el capitalismo y el patriarcado.

Por ejemplo: compartimos una experiencia de formación política con un movimiento piquetero. Uno de sus dirigentes un día no fue más a la ruta, ni a los proyectos productivos. Días después supimos que murió de sida en un hospital. Agonizó y murió, sin animarse a decirle a sus compañeros y compañeras del movimiento la enfermedad que tenía, por miedo a la estigmatización, al rechazo. Se fue solo al hospital y allí murió, quien había peleado valientemente en muchos cortes de ruta. Quien no tuvo miedo de enfrentarse a la policía en las barricadas, tuvo miedo de enfrentarse a la desvalorización de sus compañeros, de su mujer y de sus hijos, a la posible sospecha, a la discriminación. Eso es la homofobia, vivida no solo como experiencia ajena, sino en la propia concepción del compañero, que soñaba y quería cambiar el mundo.

Nos preguntamos después de saber de su muerte, con sus compañeros y compañeras, qué tipo de organizaciones estamos creando. Qué tipo de vínculos existen en ellas. Qué emancipación imaginamos.

Cuando planteamos luchar contra la homofobia, contra la travestofobia, la lesbofobia, la misoginia, que se expresan no sólo en la sociedad en general, sino también en el día a día de estos movimientos, no lo situamos solamente en mejorar las posibilidades de inclusión en los mismos de los compañeros y compañeras gays, lesbianas, travestis que los integran. No estamos peleando por una mejor inclusión entre los grupos de excluidos y excluidas. Estamos diciendo que es necesario repensar la teoría con que se crean y construyen nuestros movimientos que se sienten y se quieren populares, revisitar críticamente nuestras prácticas, concepciones, intentando que al mismo tiempo que se corta la ruta, o se debate en asamblea, o se come en un comedor comunitario, se vayan modificando los vínculos y relaciones al interior de estos movimientos, basadas muchas veces en el autoritarismo, el machismo, la homofobia, la xenofobia, el racismo. Que se vayan creando espacios donde podamos intuir el mundo que deseamos, y sepamos multiplicar prácticas de libertad. De lo contrario, estos espacios también pueden volverse lugares en los que se condiciona y refuerza el prejuicio y la opresión.

Otra experiencia. Fui invitada a participar en Chiapas de la inauguración de una escuela zapatista, en el 2005. Había estado por primera vez en esas comunidades en 1995. 10 años después era maravilloso asistir a los cambios que se habían producido en los hombres y mujeres que ejercen cotidianamente el derecho a la autonomía y la dignidad.

La fiesta se hacía en una comunidad, gobernada por los propios zapatistas, por una Junta de Buen Gobierno. Interesada en las dimensiones de transformación de la vida cotidiana, comencé a preguntarles a distintos compañeros y compañeras de la comunidad, por los aspectos de su día a día. Hablamos de cómo se forman las parejas, de las posibilidades de elegir de las mujeres, de cómo toman las familias el hecho de que las mujeres jóvenes se vayan de la comunidad por varios meses para formarse como maestras o como promotoras de salud, que pasa con la violencia en las parejas. En este ir y venir de historias, le pregunto a un muchacho sobre cómo eran las relaciones entre hombres que aman a hombres o mujeres que aman a mujeres. El me miró como quien ve aterrizar a un extraterrestre, y me dijo asombrado "¡acá eso no sucede! ¿en su país pasan esas cosas?".

Pensé entonces que hay un largo camino también entre el discurso de un movimiento que explícitamente se dirige hacia lesbianas, gays, travestis, bisexuales, y se identifica con nuestras demandas, y nos siente parte de la creación de un mundo nuevo, como figura en muchas de las declaraciones de la comandancia zapatista, y la transformación efectiva de la vida cotidiana de millares de personas.

¿Cómo crear una vida plena, en la que la práctica de la libertad signifique suprimir las opresiones?

No tengo muchas respuestas. Más bien tengo preguntas para compartir.

Enseñamos a leer y a escribir palabras. Las palabras nombran el mundo que vamos construyendo. Las palabras que leemos y escribimos, van rehaciendo el mundo, siempre que sean palabras con densidad material, con prácticas que las sostengan.

Las palabras pueden también ayudarnos a soñar nuevos mundos, si somos capaces de vivenciar que "los sueños tienen lugar -como nos dijo una compañera en un taller- cuando no nos dormimos"; cuando nos atrevemos a jugar nuestra propia carta, un as que no será del triunfo, sino que nos habilitará para seguir jugando. Pero las palabras que aprendemos a leer y escribir, pueden actuar como cárceles de nuestra imaginación y subjetividad, si al tiempo que nombramos estigmatizamos, discriminamos, invisibilizamos, negamos a otros y a otras, negando lo que de ellos y ellas hay en nosotras y nosotros.

Cuando enseñamos a leer y a escribir palabras, aprendemos a leer y a escribir historias. Cuando aprendemos palabras e historias, nos referimos a cuerpos. Pero al mismo tiempo, reinventamos con prácticas colectivas, sociales, y con las palabras que las enuncian, los cuerpos que nombramos. Y en ese devenir de los cuerpos re-conocidos, los y nos subjetivizamos, los y nos reencendemos de pasión y de deseo, o de lo contrario, los y nos castramos.

Muchas veces las prácticas de los movimientos populares concibieron a los cuerpos como instrumentos para la lucha, los únicos, nuestras armas contra el poder. Suelen ser -en ese caso- concebidos como cuerpos que resisten, pero que no desean. Cuerpos que suprimen toda necesidad ajena a lo que se considera la lucha misma. Cuerpos que van reprimiendo y olvidando el deseo.

El poder de los cuerpos contra el cuerpo del poder, plantea una batalla desigual, que tiene entre sus recursos, la entrega del cuerpo y la supresión del cuerpo. En esa batalla, podemos perdemos antes de perder.

Recuperar los cuerpos, en su integridad deseante, es una posibilidad altamente subversiva. Pero... ¿Qué atenta contra esa posibilidad?

Entre muchas otras cosas, las "alambradas culturales" que separan nuestros cuerpos del deseo, las ideas de los sentimientos, las prácticas de las teorías. La creencia de que alcanza con nombrar, sin poner en juego la corporalidad, la materialidad de la palabra.

Atenta contra esta posibilidad, la fragmentación entre los que luchamos contra cada una de las exclusiones, disociando nuestro esfuerzo de otros esfuerzos que tienen una misma dirección: un mundo en el que quepan todos los mundos, terminar con el sistema de opresión.

Atenta contra la posibilidad subversiva de recuperar los cuerpos, la dificultad que tenemos para reconocernos en el cuerpo de otro cuerpo lastimado, oprimido por el capitalismo y por el patriarcado, sea el cuerpo de la compañera travesti que soporta las noches en la comisaría, o la represión y el acoso policial multiplicados en nuestra ciudad a partir de la aprobación del nuevo código contravencional, a la simulación de la compañera lesbiana o del compañero gay que creen que tienen que vivir aparentando lo que no son para poder ser, o el dolor de quienes fueron sometidos a operaciones normalizadoras por un cuerpo médico que dicta la orden y la norma, o de los mapuches que están agonizando en un hospital de Temuco, o de las mujeres violadas y encarceladas en Atenco, o de los presos en Las Heras por demandar trabajo, que sufren cotidianamente la negación que significan los espacios de reclusión, y la nueva negación que expresa la indiferencia de muchos y muchas de nosotros, los excluidos y excluidas de siempre.

Atenta contra la posibilidad subversiva de recuperación del cuerpo deseante, la institucionalización de las políticas asistenciales que promueven, tanto en el campo social como en las políticas hacia la diversidad sexual, la inclusión subordinada en un orden ajeno, en un poder que nos integra para desintegrarnos; la ilusión de que alcanza con buscar un lugar más cálido dentro de los territorios subordinados, y por subordinados, mutilantes.

Atenta también la dificultad de diálogo, la superposición de monólogos y de sorderas de quienes en el campo de los excluidos y excluidas multiplicamos los protagonismos personales por sobre los esfuerzos colectivos de gestación de una cultura emancipatoria contrahegemónica, basada en valores opuestos a los que refuerzan la dominación.

En los movimientos populares, en nuestras prácticas, hay homofobia, hay lesbofobia, hay travestofobia. Hay sobre todo un gran prejuicio que nos impide reconocernos amorosamente en nuestros cuerpos, y otorgarles a los mismos un lugar en la construcción política, que vaya más allá del lugar de instrumento o de arma.

¿Cómo modificarlo? No tenemos muchas propuestas más que la de una labor sistemática de reconocimiento de nosotros y de nosotras, de quiénes somos, de nuestras historias, que nos permitan identificarnos y comunicarnos.

Proponemos un aporte desde la educación popular feminista, que vincule íntimamente las dimensiones de la vida cotidiana, con los diversos aspectos de la lucha social y política.

Proponemos una pedagogía del diálogo. De un diálogo que pueda realizarse en encuentros como éste, o en la calle, en una marcha, en un ejercicio de solidaridad, no de asistencialismo, que nos invite a repensarnos como sujetos deseantes.

Proponemos un diálogo que nos alfabetice. Que nos permita leer en nuestros cuerpos las marcas de la rebeldía. Que nos permita identificar las cicatrices de la domesticación, y sabiendo de ellas, predisponernos otra vez al intento de aparecer lo desaparecido, lo silenciado, lo disciplinado. Que nos permita vivir las pulsiones del deseo, sin colocarles inmediatamente el chaleco de fuerza de la racionalidad objetivante. Que nos permita amigarnos con el miedo, para que éste no nos paralice sino que nos interrogue. Vencer el terror introyectado por la dominación en nuestras vidas, requiere de un gigantesco esfuerzo colectivo y solidario. Proponemos para ello reconocer nuestra debilidad, mirarnos a los ojos, a la boca, a la piel, a los sueños, y pedirnos ayuda mutuamente.

Proponemos jugar a que cambiamos el mundo, y jugarnos, y cambiarlo, y en el cambio cambiarnos, y cuando cambiemos no dejar de jugar.

Proponemos dirigirnos a la Asamblea General de la Organización Mundial de la Salud (OMS), solicitando ahora que se incluyan en la lista de las enfermedades sociales, la homofobia, la lesbofobia, la travestofobia, la transfobia, y tal vez en la lista de las enfermedades mentales, el miedo a la libertad.



Claudia Korol. 17 de mayo del 2006
http://www.convencion.org.uy/diversi050.htm

Friday, September 29, 2006

La CHA denuncia razzia policial y judicial contra la comunidad gay de Buenos Aires

Buenos Aires – (SentidoG.com)

En una solicitada aparecida hoy en los matutinos Página 12 y La Nacion de esta ciudad, la Comunidad Homosexual Argentina (CHA) denunció la razzia policial producida en el local “Cero Consecuencia”, y la actuación del Juzgado N° 10 de Primera Instancia en lo Contencioso Administrativo de la Ciudad de Buenos Aires, encabezado por el Dr. Hugo Ricardo Zuleta, en relacion con la causa que se sigue por la clausura del boliche Amerika.

A continuación, transcribimos la solicitada mencionada anteriormente:



Denuncia de la Comunidad Homosexual Argentina(CHA)
RAZZIA POLICIAL Y JUDICIAL CONTRA LA COMUNIDAD GAY LÉSBICA
DE BUENOS AIRES

* El 18 de abril pasado agentes de la policía irrumpieron sin orden judicial en un pub de la calle Cabrera donde se realizaba una fiesta privada de nuestra comunidad. Detuvieron a ciento cincuenta personas, sin ningún motivo.

* Cinco meses después, el titular del Juzgado N° 10 de Primera Instancia en lo Contencioso Administrativo de la Ciudad de Buenos Aires, Dr. Hugo Ricardo Zuleta, en una decisión sorprendente, exige a otro lugar de encuentro del público gay lésbico, la discoteca Amérika, anular pasillos de tránsito y evacuación y puertas de salida de emergencia, que habían sido incorporados para alcanzar así el estándar de seguridad que la convirtió en un ejemplo. Ese despropósito es la condición para el levantamiento de su clausura. Por otro lado, resuelve aplicarle parámetros de sonido por debajo de los decibeles autorizados para el resto de los locales -45db en lugar de 50db- incluso desoyendo las conclusiones del peritaje judicial. Incorpora exigencias cercanas al absurdo, al pretender que una discoteca cierre antes de las 3 de la madrugada. La demora en el trámite judicial provocó un cierre que lleva ya cuatro meses, con la consecuente desesperación de sesenta empleados, algunos de ellos viviendo con VIH-Sida.

* Al ordenar el acatamiento de una decisión previa a la tragedia en la discoteca República Cromañón, que disponía atenerse al metraje que figura en la habilitación original, el Dr. Zuleta olvida que desde el 31 diciembre de 2004 todas las habilitaciones de los locales bailables porteños caducaron hasta que pudieran acreditar condiciones indiscutibles de seguridad. Las reformas de Amérika fueron pensadas a la luz de esa nueva realidad. Y sobre todo, para que una tragedia como aquélla no se repita. Cabe entonces preguntarse si la seguridad de las personas de nuestra comunidad no vale los 300 metros cuadrados extras en disputa. A menos que en el insondable pensamiento del Juez la seguridad se concibe según la orientación sexual. No repitamos Cromañón.

* Este caso paradigmático de persecución judicial se inició en 1999 ante la denuncia por supuestos ruidos molestos en la calle de parte de algunos vecinos, que confesaron en una carta a las autoridades que una "discoteca que tiene un público formado principalmente por personas homosexuales y transexuales, que trae aparejado un daño moral y económico...". Por cuanto piden su cierre. El siguiente paso fue el acoso judicial, que culmina con este fallo irrazonable

* La discoteca Amérika ha sido puesta por el Juez Zuleta en un callejón sin salida: si no cumple con lo exigido debe cerrar. Si cumple, baja su estándar de seguridad. La Comunidad Homosexual Argentina (CHA) denuncia que sectores policiales y judiciales, lejos todavía de haber incorporado valores democráticos, perpetúan a través de sus ámbitos de poder la violencia física y moral contra las personas gays, lesbianas y travestis. No expresan en estos casos con sus actos, los derechos de los ciudadanos y ciudadanas que se agravian con justa razón, sino apenas las ocurrencias de un grupo mínimo de vecinos que, junto con la clausura de uno de los más importantes centros de encuentro de nuestra comunidad, soñarán quizás con conseguir nuestra expulsión de Buenos Aires. Esperamos que la Cámara de Apelaciones pueda revertir esta situación de injusticia.

César Cigliutti, Presidente DNI 13.531.090
Marcelo Suntheim, Secretario DNI 20.119.948
Pedro Paradiso Sottile, Coordinador del Area Juridica DNI 23.166.230

Firman: todas y todos las y los activistas de la CHA

http://www.sentidog.com/article.php?id_news=16409

Friday, September 22, 2006

Organización Internacional de Intersexuales: Hospital Carlos G. Durand - CHA


Ciudad Autónoma de Buenos Aires - Argentina - Hospital Carlos G. Durand - Comunidad Homosexual Argentina

El Servicio de Urología del Hospital Carlos G. Durand en conjunto con el Área Salud y el Departamento Académico de Investigación y Docencia de la Comunidad Homosexual Argentina, tienen el agrado de informar la puesta en funcionamiento del "Servicio Integral de Atención a Travestis, Transexuales, Transgéneros e Intersexuales".

El ingreso al programa mencionado se realiza a través del Servicio de Urología del Hospital Durand o del Área de Salud de la CHA, con una entrevista inicial a fin de proceder a la evaluación de cada caso en particular.

De dicha evaluación surge la siguiente sistemática:

1. Interconsulta y eventual seguimiento por los profesionales incluídos en el programa.
2. Evaluación y seguimiento de los procedimientos quirúrgicos realizados previamente o por realizar.
3. Evaluación periódica de los y las participantes admitidos en el Programa.
4. Evaluación Psicológica y realización del Psicodiagnóstico pertinente a fines legales.
5. Asesoramiento Legal y seguimiento para la autorización judicial de reasignación sexual, si se requiere y cambio de documentos.
6. Evaluación hormonal y tratamiento afín.

Las especialidades comprometidas por el programa son:

1. Urología.
2. Psiquiatría.
3. Endocrinología.
4. Cirugía vascular periférica.
5. Cirugía plástica.
6. Ginecología.
7. Psicología.
8. Jurídica.

Se evaluará la necesidad de incorporar nuevas especialidades. El equipo de Profesionales comprometidos con el programa son:

Dr. Adrián Helien –Médico Psiquiatra. Sexólogo
Lic. Eduardo Torres Rocha - Psicólogo Clínico.
Dr. Germán Chéliz - Médico Urólogo.
Lic. Valeria Paván - Psicóloga Clínica.
Dr. Alberto Nagelberg - Médico Endocrinólogo, Andrólogo, Sexólogo
Lic. Jorge Horacio Raíces Montero - Psicólogo Clínico, Antropólogo, Investigador en Sexualidad.
Dr. Oscar Levalle - Médico Endocrinólogo
Lic. Martín Engelman - Psicólogo Clínico.
Dr. Horacio Manuel Rey - Médico Urólogo.
Lic. Sandra Soria - Psicóloga Clínica.

El "Servicio Integral de Atención a Travestis, Transexuales, Transgéneros e Intersexuales" cuenta con el aporte y la adhesión de:

OII - Organización Internacional Intersexual
http://www.intersexualite.org/
Portavoz para el Área Castellanoparlante:
Lic.Jorge Horacio Raíces Montero: infopsicologia@ciudad.com.ar
Presidente Sr. Curtis Hinkle: curtishinkle@aol.com

Para inscripción al Programa o mayor información:

Coordinación Hospital Durán - Dr. Adrián Helien, Correo electrónico: adrianhelien@yahoo.com.ar
Teléfono del Servicio: 4372-4742 interno 222 - Buenos Aires, Argentina.
Coordinación Área Salud - CHA - Lic.Eduardo Torres Rocha. Correo electrónico: salud@cha.org.ar
Teléfono: 4961-3109 - Buenos Aires, Argentina.